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Mostrando las entradas etiquetadas como violencia contra la mujer

Incómodas visitas: Fragmentos del pluriverso indígena (1)

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He pasado noches enteras pensando, he pasado días contemplando. En el transcurso de estas largas horas he escuchado voces en distintas lenguas hablarme; he soñado con nuestros muertos y muertas, he pensado en quienes andando, atraviesan ríos, montañas y selvas. Ojeando mi estar, el recorrido emprendido, las decisiones tomadas y las que faltan por tomar, me he descubierto desacelerando el paso las veces que he podido; me he visto apoyarme en gestos en vez de palabras y palabras cuando considero necesario pronunciar; en cada oportunidad hallada he descansando y durante esos instantes, cortos instantes, me repito: mi ritmo es el mismo del andar que observa. Desde la hamaca algunas estrellas dejan mirarse; la brisa cuela suave entre las rejas; con cada mecida se alivia el cansado cuerpo. Sigo en silencio, sigo en mi interior. Esta casa la conozco, ya me he quedado antes aquí, no es nuestra; dos mujeres la habitan, ellas a diferencia de nosotras, no son indígenas. Las risas me regres...

Berta, Olivia, Juana, Yoryianis… Apakuana. Todas llevamos el mismo nombre.

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 Fragmento de la historia de vida de Mary Fernández  “Watia purusku le decían a cuanto uniformado se topaban camino al hospedaje solidario donde nos albergábamos. Con vigor Lucía* bate el brazo derecho mientras reclama o regaña; la watia que nos acompañaba la imitaba y ambas se volvían cómplices al usar una lengua desconocida para la ciudad. Con cada watia purusku invocado, me permitía la risa y soltaba pedazos de miedo viejo, lo que me hacía sentir más fuerte en compañía de esas mujeres. Sus maneras encubiertas y graciosas de interpelar a quienes debían garantizar nuestra seguridad, me daban la oportunidad de drenar en silencio parte de la impotencia y el dolor que una carga encima. La watia se aprovechaba y les decía cantaíto como lo haría la Lucía: watia puruuusssku… en vez de estar cuidando edificios, deberían irse pa la Sierra a cuidar de estas mujeres. Las reacciones de los criollos (watia) uniformados de verde (purusku) eran diversas, algunos h...

A Mónica la quiero libre

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El disfrute de la soltería me duró poco; en realidad podría decir que nada. Cuando crecí y todo indicaba que “ya estaba lista”, apenas me dio el tiempo de trabajar como cajera bajo la figura de ese estado civil. Debuté formalmente como asalariada en la banca pública, pero esa no fue la primera, ni mi última experiencia laboral; desde pequeña, entre mudanzas y reacomodos, hice distintos encargos que fueron proporcionándome los vestidos, el calzado y los artículos para la coquetería que Rosalba no podía costearme. Mientras cursé el bachillerato, que en “su momento” tampoco terminé, compartí el tiempo libre disponible cuidando de los hijos de una hermosa y elegante mujer. Ella me amadrinó como a una hija; es cierto que me pagaba, pero de ñapa, gracias a su presencia, aprendía sobre las artes y el poder contenidos en los gestos, tonos, movimientos, indumentarias y tocados femeninos. Desde pequeña vi en mis hermanas mayores verdaderos ejemplos a seguir. La Jimenera era mi referente;...